miércoles, 2 de febrero de 2011

Cows cows cows

La fiebre me hace delirar. La ventanas están cerradas, las persianas son barrotes sin agujeros entre los que colar una taza y hacer ruidos. La puerta cerrada con cerrojo, ni siquiera hay una fina franja de luz anaranjada curioseando desde el pasillo. El techo inquebrantable sobre mi cabeza, me separa de la libertad del firmamento nocturno. Me lo imagino, ahí fuera, tal vez inexistente, tal vez destrozado por las luciérnagas de neón de las calles de esta gran ciudad. Mi cuerpo entero suda, abierto cada poro de la piel para encontrar una sóla partícula de aire liberado de esa opresiva emoción que me invade por completo. El pecho me va a estallar, un sentimiento atormentado acuchilla sus paredes. La sábana me aplasta como una cárcel, huele ligeramente a alcohol. Mi cara blanquecina se gira hacia la izquierda y la veo desnuda, durmiendo en paz, los labios amoratados semiabiertos, absorviendo cada uno de mis pensamientos. La abrazo sin comprender nada.
Condenado.

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