Tal vez el arte es la mejor forma de machacarte. La mejor forma de aceptar que estás jodido. No hay artistas felices. No hay artistas sin nostalgia. No hay otoño sin naranja. No hay primavera sin ti.
Podría intentar escribir una historia, pero sé que no gira en torno a eso mi capacidad. Sé de personas que se balancean en recuerdos, y los camuflan, entre toda esa maleza de palabras a la que llaman historia.
Hay personas que respiran a través de un instrumento, y lloran, y crugen y gritan cuando no lo tienen entre los dedos, o los labios, o entre las hebras de fantasías tortuosas.
Desgraciadamente lo que yo puedo llamar sufrimiento fácil se compone de una imágen, de sus colores, de su movimiento paralizado. De la gran deformación que me causa en lo que antes era territorio virgen. De lo que era mucha nieve y ahora son huellas rojas, sucias, machas tentadoras a ser seguidas. El río de mi tristeza es doloroso, pues es demasiado irreal para contarlo, para que alguien lo escuche con los ojos cerrados. Es sonido dentro de una caracola. Muchas veces no se puede plasmar.
¿Cómo destrozo el pincel contra el blanco queriendo deshacerme del deseo que me ofrece tu cuello desplomado? ¿Qué colores son los de un ojo achinado por una apuesta de sol? Suelen ser burdas imitaciones que tan sólo recuerdan el ambivalente papel de la capacidad de imaginar.
Voy a dibujar.
jueves, 30 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
Palidez
Me encanta congelarme. Me encanta calentarme en esta manta azul, color bebé. Los días fríos y lluviosos me siento débil, apaleada, recogida en este bosque oculto y susurrante, en este océano mecedor. Pocas cosas más me gustan que estar enferma. Medio muerta, convaleciente, derrotada, y con mil grados de fiebre. Yo y mis sábanas. Yo y mi sudor. Yo y la oscuridad, murmurándome al oído, cantándome para que me duerma. Así me despierto, me revivo, me pesan los párpador como después de un duro invierno de aletargamiento. Con los huesos de piedra, el pelo enredado y la piel pura.
Me gusta estar muy enferma, y poco a poco notal el olor de la primavera impregnando la marchita habitación. El cuerpo en ruinas, al que, de repente, alguien visita con su tierna caricia.
Disfruto el malestar porque se me antoja placer, y me hace sonreir que alguien tenga ese inmenso honor de verse necesario, de sentirse util y dejarse amar al indefenso. Porque todo el mundo necesita apaciguar el amor que le trota por dentro queriendo romper las verjas. Y ésta es una buena excusa, no se da explicación alguna, simplemente es necesario.
Hoy no estoy enferma, pero estoy sintiendo el abatimiento. La cabeza hacia un lado, los ojos lacrimosos, la tez púrpura. Algunas caricias parecen domarme. Pero sólo son tus manos de brisa. Cuídame. Cuídame algún día y siente que no debo morir.
Me gusta estar muy enferma, y poco a poco notal el olor de la primavera impregnando la marchita habitación. El cuerpo en ruinas, al que, de repente, alguien visita con su tierna caricia.
Disfruto el malestar porque se me antoja placer, y me hace sonreir que alguien tenga ese inmenso honor de verse necesario, de sentirse util y dejarse amar al indefenso. Porque todo el mundo necesita apaciguar el amor que le trota por dentro queriendo romper las verjas. Y ésta es una buena excusa, no se da explicación alguna, simplemente es necesario.
Hoy no estoy enferma, pero estoy sintiendo el abatimiento. La cabeza hacia un lado, los ojos lacrimosos, la tez púrpura. Algunas caricias parecen domarme. Pero sólo son tus manos de brisa. Cuídame. Cuídame algún día y siente que no debo morir.
viernes, 10 de septiembre de 2010
El silencio que precede a la tormenta
y lo precioso que es sentir el agua en tu cabeza, limpiando las dudas y desechandolas por las cloacas.
Me siento fuerte, he observado lo suficiente como para atreverme a saltar sin miedo a estrellarme contra las piedras, y no contra las rocas afiladas y crueles.
¡Allá vamos!
Me siento fuerte, he observado lo suficiente como para atreverme a saltar sin miedo a estrellarme contra las piedras, y no contra las rocas afiladas y crueles.
¡Allá vamos!
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