jueves, 30 de septiembre de 2010

Me la he pasado entera

Tal vez el arte es la mejor forma de machacarte. La mejor forma de aceptar que estás jodido. No hay artistas felices. No hay artistas sin nostalgia. No hay otoño sin naranja. No hay primavera sin ti.
Podría intentar escribir una historia, pero sé que no gira en torno a eso mi capacidad. Sé de personas que se balancean en recuerdos, y los camuflan, entre toda esa maleza de palabras a la que llaman historia.
Hay personas que respiran a través de un instrumento, y lloran, y crugen y gritan cuando no lo tienen entre los dedos, o los labios, o entre las hebras de fantasías tortuosas.
Desgraciadamente lo que yo puedo llamar sufrimiento fácil se compone de una imágen, de sus colores, de su movimiento paralizado. De la gran deformación que me causa en lo que antes era territorio virgen. De lo que era mucha nieve y ahora son huellas rojas, sucias, machas tentadoras a ser seguidas. El río de mi tristeza es doloroso, pues es demasiado irreal para contarlo, para que alguien lo escuche con los ojos cerrados. Es sonido dentro de una caracola. Muchas veces no se puede plasmar.
¿Cómo destrozo el pincel contra el blanco queriendo deshacerme del deseo que me ofrece tu cuello desplomado? ¿Qué colores son los de un ojo achinado por una apuesta de sol? Suelen ser burdas imitaciones que tan sólo recuerdan el ambivalente papel de la capacidad de imaginar.
Voy a dibujar.

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