El Parque del Retiro estaba lleno de música. Había un acordeón aprisionado por un señor del este de tez morena y sonrisa circense. Una chica, poco más joven que yo, que bien pensado podría ser yo, tocando el violín con la concentración puesta en sus partituras flácidas, como si en verdad estuviera en su habitación estudiando para la lección del día siguiente. Apurando hasta el último día, porque los anteriores había estado muy ocupada planeando cómo ignorar a ese imbécil. El eterno oxímoron. Había mucha música de patines y de niños perdiendo sus dientes contra la tierra en sus bicicletas. Había una ligera música de titiriteros y de descanso de invierno, música de sol desperezado.
Yo andaba a paso ligero, rompiendo mis zapatos de piel nuevos. Ese día quería llorar y no había motivo de tristeza. Sólo estábamos mi abuela, mi madre, mi tía y yo, unos pasos por delante, explicándoles las diferentes historias que escondían las esculturas del parque. Mi abuela comentó: Qué bonito que puedas entender todo lo que te rodea.
A mi vocecita interior le pareció divertido exclamar: Sí, sí, pero de lo que tiene dentro nada.
Ahí estábamos, cuatro generaciones unas al lado de otras. Caminando en parejas; yo con mi madre y mi tía, 16 años menor que mi madre y 10 años mayor que yo, con mi abuela. Me pareció una combinación curiosa. ¿Por qué precisamente andábamos saltándonos una generación? Pensé que por deleitarse en las aventuras, sin ser demasiado desconocidas (la vieja) y por conocer vida que no oliera excesivamente a naftalina (la joven).
Al pasar por el lago del Palacio de Cristal, tras cruzar la pequeña cueva de la cascada, nos quedamos un rato observando a los niños dando de comer a los patos. A mi madre le encantaban y se reía. Mi tía los miraba con indiferencia, debía pensar que esos patos eran más inteligentes que la jauría de adolescentes a los que intentaba enseñar inglés en el instituto. A mí me parecían hermosos en su perfección genética y natural, ante todo los cisnes. Me recordaron al Romanticismo, a las princesas, a Júpiter fecundando a Leda. A una película de Ballet. Miré su color negro noche, su pico rojo, y pensé que no podían existir criaturas más hermosas en contraste a esos tambaleantes patos de al lado. Eran, quizás, como esas personas geniales, artísticas, maravillosas, que se diferencian de todos los demás seres humanos, como Alejandro Magno, Baudelaire o Marilyn Monroe. Mi abuela comentó, en un susurro: Qué asco me dan los cisnes. Con esos cuellos que parecen serpientes.
Cuando no existía el tiempo
viernes, 20 de enero de 2012
viernes, 16 de diciembre de 2011
martes, 6 de diciembre de 2011
Fantasías
En el 2013 vivíamos en Oslo, por ejemplo, en una casita a las afueras a la que llegábamos en bicicleta. Lorenzo y yo habíamos decidido que no éramos tan jóvenes como seguir rodeados del humo de Madrid, ni tan mayores como asentarnos en la mecedora de Huesca. Así que, como tocaba cambio, salimos de Lavapiés y nos fuimos a Noruega, a pasar ese frío que nos gustaba tanto sentir y vencer andando durante horas mientras nos contábamos la vida entera. Nos acompañó Algodones, nuestro chucho-oveja blanco, al que tratábamos con tanto amor como cuando varios años después llegó Creta, el bebé.
Ya que cambiábamos de lugar, decidí que estaba harta de explicar a japoneses y alumnos de secundaria las Vanguardias Rusas y me saqué un curso de jardinería durante un año y medio. Al acabarlo, y mientras Lorenzo encontraba trabajo en cualquier parte de Noruega (algo que no le costaba demasiado puesto que la música, a pesar de mal pagada, es universal), me sentí mejor aún que cuando me soltaron tras cuatro años dedicados a amar el arte, pues pensé que de esta manera compensaría a la naturaleza el horror que le debíamos estar inspirando con nuestras cloacas, los humos, las estrellas tapadas y las piernas amputadas. Me extasiaban las flores perfectamente coloridas y con olor a escarcha, los cipreses matemáticamente descuidados de los cementerios, las hiedras que recorrían como una celosía las paredes de impuros ladrillos.
A Lorenzo le invitó una orquesta local que tocaba en actos conmemorativos y que quería sacarse de encima a un trompetista italiano al que le gustaban demasiado las celebraciones tanto que las hacía casi suyas, así que tan sólo cuatro meses después de que se fuera, yo llegué al aeropuerto en pleno enero y con las mejillas sonrosadas de frío y emoción. Algodones era prácticamente nuestro único equipaje. Nos gustaba deshacernos de todo a menudo.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta.

Ahora dicen que hay muchos más universos
infinitos como el nuestro.
Dime si no es para volverse loco
¿no te sientes más pequeño?
Dos espejos frente a frente crearán
cien mil caras que observar.
Puede que alguno de ellos sea el real
lo tendré que investigar.
Que empiece el viaje ya
Infinita ingenuidad
ilusión centesimal
Me creía tan capaz con mi cápsula de albal,
mi torpeza fue total
De tan grande es demencial
no detecto una señal
Nunca encontraré el lugar
donde al fin entienda
Me perdí en mi universo
tú
Me perdí en mi universo
tú
no volveré a hacerlo más
no he encontrado respuestas
y si no regreso jamás este ruido no cesa
mundos que van a estallar si mi vida está puesta
y yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta
y yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta
y yo ya no puedo hacer más.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Friedich
domingo, 20 de noviembre de 2011

Amado:
¿Qué puedo esperar de ti? Cada vez creo más en el sistema de retroalimentación que los seres humanos nos inventamos para comprender tu realidad.
Hay tanto que deseo hacer contigo y que no sé si me brindarás...
¿Qué soy? ¿Qué puedo ser? Me debato entre un imposible mejunje de destino y libre albedrío. Creo que el primero es una superstición, el segundo un ideal. Hay tanto que desde nuestra engendración nos condiciona... No estoy segura de si creer en el hado, por su religiosidad. Sí que creo en la actuación, dentro de unos límites. ¿Es eso libertad? ¿Cuáles son, pues, mis límites? ¿Dónde nos llevará tu viento?
Quiero respirarte, comerme todas las hojas de los suelos de tus rincones. Quiero acceder a tu primitismo, a tu originalidad corrupta por la mente humana. ¿Cómo hacerlo? No sé cómo atreverme a sumergirme en tus brumas. Tu claridad es tan engañosa... Sólo sé que te amo. Te adoro. Eres la verdad y la belleza, en un sentido único. Déjame besarte.
Sabes que mi existencia se basa en la admiración de tu movimiento. Eres cíclico y longitudinal. El tiempo existe y no existe para ti. Tu desarrollo efímero es eterno. La mayoría de las cosas que observo son artificiosas, hechas por nosotros, los hombres. ¿Cómo acceder a tu esencia?
El arte es lo más natural que encuentro en nuestra raza, aunque sea algo construído. No puedo alejarme de mi condición de ser humano, así que debo aprovechar lo que el arte me brinda para acercarme a ti. Tú y tus condiciones habéis creado a las culturas.
La música, el barro, las representaciones de deidades que simbolizan tu orden natural. La voz, los sonidos, la poesía. Las hojas rojas, el crepúsculo, las lejanas constelaciones. El olor de la noche, las medusas bailando, el grito, el galope, el incienso. Las granadas, las letras, los ojos, la baba de caracol. Los granitos de arena, las cuevas de cristales, las plantas carnívoras, las burbujas, la putrefacción.
Quiero aprender de la inocencia de nuestros antepasados cuando te miraban. Necesito respetar tu equilibrio, quitándome el cuerpo de humano y recobrando la forma animal. ¿Por qué hemos evolucionado alejándonos cada vez más de tu seno?
No dejes que me desoriente como a muchos otros les ha ocurrido.
Quiero abrazar tus desiertos, no dejes que me engullan sus dunas.
Tú eres mi dueña. Permíteme, ¡oh!, permíteme gozar de ti.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Más que disfrutando, no sufriendo.
¡Oh, querida! Por favor, créeme,
Nunca te haré daño
Créeme cuando te digo
Que nunca te haré daño
¡Oh, querida! Si me dejas
Nunca lo conseguiré solo
Créeme cuando te ruego
Que nunca me dejes solo
Cuando me dijiste que ya no me necesitabas
¿sabes? Casi me derrumbo y me echo a llorar
Cuando me dijiste que ya no me necesitabas
¿sabes? Casi me derrumbo y me muero
¡Oh, querida! Por favor, créeme,
Nunca te haré daño
Créeme cuando te digo
Que nunca te haré daño
Cuando me dijiste que ya no me necesitabas
¿sabes? Casi me derrumbo y me echo a llorar
Cuando me dijiste que ya no me necesitabas
¿sabes? Casi me derrumbo y me muero
¡Oh, querida! Por favor, créeme
Nunca te fallaré
¡Oh, créeme, querida!
Créme cuando te digo
Que nunca te haré daño
The beatles: Oh! Darling
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