Hola.
He empezado esta carta escrita con una pluma rosa de bolitos de forma mental(pues ahora es de mentira entre mis dedos) pensando en contarte algo con sentido, pero puede que no lo consiga, de hecho, espero que le encuentres algún sentido innato tú, quitando la escoria de palabras que suelen sobrar y adornar cualquier carta que habla de cosas humanas, como trocitos de piedra de colores embellecen una roca gris.
Sabes que recientemente he decidido darme un paseo por las mañana para ir y volver de la universidad. Para ello, me pongo muchas capas de ropa, porque, aunque haga más calor que en nuestro hogar, aquí el frío es lúgubre e intenso. Aunque ésto es sólo al principio. Conforme pasan los minutos me nace un calor en el estómago y en los labios, directamente proporcional a los besos recordados que me diste en esos sitios alguna vez. Entonces, llego a clase con una sensación rara, como la de un camaleón que no se puede transformar del todo, porque las manos, la nariz, las piernas y el corazón están temblando con carámbanos colgando como lianas. Al final, todo acaba volviéndose a congelar, llegando un punto álgido hacia las 9 de la noche. A partir de entonces, tus ojos caídos y tus sonidos mudos de letras virtuales penetran en mi piel, y a veces parece que me borbotean las entrañas. No sé si te explico bien.
También me gusta ese camino por otras cosas. Siempre está vacío, aún en estos tres inmensos meses no me he encontrado a nadie que me acompañara cantando a toda voz las siempre mismas 10 canciones que me grita el móvil, no tan mágico como el tuyo, pero lleno de ti. Es un camino susurrante, muy bueno para comenzar el día. Se escuchan los coches a unos metros, gruñendo al amanecer, como todas esas cosas negras y ruidosas hacen con las cosas dignas de ser admiradas, como ese trocito de cielo de la foto adjunta. Te la enseño con el único afán de mostrarte que, a veces, Madrid puede ser benevolente, si la ignoras, porque es una dama consentida y caprichosa. Así funcionan esas señoritas. En este lugar, al que quizás nunca pueda relacionar con el ambiguo concepto " mi casa", también hay nubes imitando olas de mar, soles tímidos y resfriados, árboles pasados por otoño... No sueles mirar con demasiado detenimiento esos vestidos de la naturaleza, pero te entiendo del todo, sabes que los tienes ahí, no tienes que apresarlos para cuando los necesites y no estén. Aunque también sé que te encantan, y que los disfrutas en tu silencio de criatura noble. Cuando tus ojos se vuelven naranjas prefieres mirarme a mí. Qué bonitos son esos ojos.
Creo que acabo de descubrir cuál es tu animal. ¡Vaya, eras la persona que más tiempo en toda mi vida me ha costado asignar un animal! Ya pensaba que eras uno de esos horribles cuatro elementos intocables. Eres un hermoso caballo de color marrón oscuro, y negro el cabello ondulante y las patas. Sí.
¿Qué podrías contarme tú de lo que ves?
Espero que algún día pueda dejarte las cartas metidas en nuestro buzón y las acabes de leer justo cuando yo entre por la puerta y grite:
-¡¡¡¡Ya estoy aquí!!!!- Me quito un abrigo rojo que por aquellos entonces tendré, mientras riendome te digo- No sabes lo que me ha pasado. ¡Ja ja ja! -(o je je je, creo que me río así). Te guardas la carta en el bolsillo de los pantalones de estar por casa y, como siempre, abres las piernas y los brazos para que me siente en medio. Lo hago, ya está automatizado el movimiento, y paso los brazos por tu cuello- Resulta que estaba viniendo en bicicleta y de repente...
Así más o menos lo espero.
Bueno, cariño, hasta que pueda dejar de usar estos métodos de escritura rudimentarios, te mando mi sonrisa y mis manos para que puedas usarlos como quieras hasta que esta noche hablemos y puedas darles sus real forma. Para su textura, sabor, olor, sonido y temperatura tendrás que esperar unos muy pocos días.
No sabes cuánto te quiero, tampoco lo sé yo. Sólo sé que puedo escribirte estas gilipoyeces sin avergonzarme, que me sentiré bien haciéndolo, y que tú te sentirás más querido con lo poco que puedo conseguir aquí, comparado con lo que me brinda el entorno ahí.
Un beso, Kurt, te echo mucho de menos. Todas las mañanas, todos los al mediodías, todas las horas de comer, todas las tardes, todos los (no)atardeceres de aquí, todos los minutos de espera cuando nos golpea internet, y todas las noches inmediatamente después de que me mandas un beso sordo. Te quiero, corazón, vida, cielo, preciosidad, primavera, mil cosas hermosas.
Tuyas, Courtney y su lámpara de delfines bailarines mareados.