viernes, 25 de noviembre de 2011

Yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta.


Ahora dicen que hay muchos más universos
infinitos como el nuestro.
Dime si no es para volverse loco
¿no te sientes más pequeño?
Dos espejos frente a frente crearán
cien mil caras que observar.
Puede que alguno de ellos sea el real
lo tendré que investigar.

Que empiece el viaje ya

Infinita ingenuidad
ilusión centesimal
Me creía tan capaz con mi cápsula de albal,
mi torpeza fue total
De tan grande es demencial
no detecto una señal
Nunca encontraré el lugar
donde al fin entienda

Me perdí en mi universo
Me perdí en mi universo
no volveré a hacerlo más
no he encontrado respuestas
y si no regreso jamás este ruido no cesa
mundos que van a estallar si mi vida está puesta
y yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta
y yo ya no puedo hacer más, este más siempre resta
y yo ya no puedo hacer más.





jueves, 24 de noviembre de 2011

Friedich





El pavor ante la naturaleza.
El caos, lo inabarcable, lo irracional nos aterran y es lo que más placer y admiración nos despierta.
Somos observadores de la belleza. Nos alimentamos del dolor de su perfección.

domingo, 20 de noviembre de 2011


Amado:
¿Qué puedo esperar de ti? Cada vez creo más en el sistema de retroalimentación que los seres humanos nos inventamos para comprender tu realidad.
Hay tanto que deseo hacer contigo y que no sé si me brindarás...
¿Qué soy? ¿Qué puedo ser? Me debato entre un imposible mejunje de destino y libre albedrío. Creo que el primero es una superstición, el segundo un ideal. Hay tanto que desde nuestra engendración nos condiciona... No estoy segura de si creer en el hado, por su religiosidad. Sí que creo en la actuación, dentro de unos límites. ¿Es eso libertad? ¿Cuáles son, pues, mis límites? ¿Dónde nos llevará tu viento?
Quiero respirarte, comerme todas las hojas de los suelos de tus rincones. Quiero acceder a tu primitismo, a tu originalidad corrupta por la mente humana. ¿Cómo hacerlo? No sé cómo atreverme a sumergirme en tus brumas. Tu claridad es tan engañosa... Sólo sé que te amo. Te adoro. Eres la verdad y la belleza, en un sentido único. Déjame besarte.
Sabes que mi existencia se basa en la admiración de tu movimiento. Eres cíclico y longitudinal. El tiempo existe y no existe para ti. Tu desarrollo efímero es eterno. La mayoría de las cosas que observo son artificiosas, hechas por nosotros, los hombres. ¿Cómo acceder a tu esencia?
El arte es lo más natural que encuentro en nuestra raza, aunque sea algo construído. No puedo alejarme de mi condición de ser humano, así que debo aprovechar lo que el arte me brinda para acercarme a ti. Tú y tus condiciones habéis creado a las culturas.
La música, el barro, las representaciones de deidades que simbolizan tu orden natural. La voz, los sonidos, la poesía. Las hojas rojas, el crepúsculo, las lejanas constelaciones. El olor de la noche, las medusas bailando, el grito, el galope, el incienso. Las granadas, las letras, los ojos, la baba de caracol. Los granitos de arena, las cuevas de cristales, las plantas carnívoras, las burbujas, la putrefacción.
Quiero aprender de la inocencia de nuestros antepasados cuando te miraban. Necesito respetar tu equilibrio, quitándome el cuerpo de humano y recobrando la forma animal. ¿Por qué hemos evolucionado alejándonos cada vez más de tu seno?
No dejes que me desoriente como a muchos otros les ha ocurrido.
Quiero abrazar tus desiertos, no dejes que me engullan sus dunas.
Tú eres mi dueña. Permíteme, ¡oh!, permíteme gozar de ti.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Más que disfrutando, no sufriendo.

¡Oh, querida! Por favor, créeme,

Nunca te haré daño

Créeme cuando te digo

Que nunca te haré daño

¡Oh, querida! Si me dejas

Nunca lo conseguiré solo

Créeme cuando te ruego

Que nunca me dejes solo


Cuando me dijiste que ya no me necesitabas

¿sabes? Casi me derrumbo y me echo a llorar

Cuando me dijiste que ya no me necesitabas

¿sabes? Casi me derrumbo y me muero


¡Oh, querida! Por favor, créeme,

Nunca te haré daño

Créeme cuando te digo

Que nunca te haré daño

Cuando me dijiste que ya no me necesitabas

¿sabes? Casi me derrumbo y me echo a llorar

Cuando me dijiste que ya no me necesitabas

¿sabes? Casi me derrumbo y me muero


¡Oh, querida! Por favor, créeme

Nunca te fallaré

¡Oh, créeme, querida!

Créme cuando te digo

Que nunca te haré daño


The beatles: Oh! Darling

sábado, 12 de noviembre de 2011

Los esqueletos

Está todo tan jodidamente vacío.
Hacía mucho tiempo que no sentía esta soledad. Bueno, de hecho nunca.
Suelo sentirme desesperadamente sola, pero no sola, sino con necesidad de una persona en concreta. Varía de persona. A veces es él, la mayoría de las veces. En otras ocasiones me siento sola teniendo a la gente que podría ayudarme a unas puertas de mi cama, pero soy incapaz de reclamar compañía. Odio ser débil.
Y cuando me siento necesitada de él, no es por abandono, sino por impotencia. Porque antes queríamos estar todo el día juntos, amándonos sin tocarnos, uno al lado del otro, hablando sobre mil cosas y diciéndonos que nos teníamos para siempre el uno al otro. Era sencillo. Era hermoso. Era pensar que realmente alguien te ama por existir.
Y hoy es muy distinto. He vuelto a esta ciudad, que era nuestro santuario, nuestra cama enorme e inamovible en el tiempo. Y él no existe. Está en las sombras.
Es algo así como un rastro de cadáveres con su cara por todos lados. En la biblioteca, sección de ciencia ficción/Stephen King, en nuestro largos paseos mirando las mismas tiendas y diciéndole todas las ropas que me compraría y objetos con los que adornaría mi cuerpo. En nuestro bar preferido y el más odiado de todos. En el portal de mi casa con despedidas inconmensurables. En el parque lleno de colores. En el chino que aguarda, como todos los viernes, a que nos cojamos las manos alargándolas desde cada lado para unirlas. En las tazas de chocolate de los domingos, en los cereales en mi casa el sábado. Reflejados en la pantalla del ordenador en mi casa, intentando ver una película que siempre me aburre. En los besos tiernos que ya no existen.
Qué crueldad.
No creo que vuelva a esta ciudad más si no es por obligación. Es asqueroso.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Llantos de la decepción y de la mierda


En busca de un limbo en el que no estar viva ni muerta. Cuando la desilusión es tan grande que seguir respirando es un pesar, pero los pulmones luchan por no apagarse.
Los días sin ti son horribles. No, no son horribles. Son atemporales. Alguien ha estrellado contra el suelo el reloj que compramos juntos antes de ir de viaje. Fue hace bien poco. Has sido tú el culpable. Tú, que todo lo creas y lo destruyes, me has soplado en la cara y te has llevado todo.
Pasé una noche entera revolcándome, agonizando entre sombras. No sé qué sentía. No había emoción, sólo dolor. El dolor que supongo que se siente cuando te acuchillan mientras la sonrisa del asesino se mancha de negra sangre. Sólo podía mirar hacia la pared, y hasta eso me recordaba a ti. Fue sádico cuando sonó el despertador y tuve que girarme ante la realidad. Y en ese momento sentí otra cosa.
Quería vengarme. Quería ver cómo te consumías y te destrozabas y se te desgarraba la garganta. Te veía apaleado, con los ojos morados, y quería ponértelos negros.
Al fin y al cabo, tenía que odiarte un rato antes de entrar en el caos.
El caos son esos instantes en los que tu mente machaca a tu cuerpo mientras lucha por una esperanza que quieres apagar. Los miedos, el asco, la luz tenue, tienen su lugar. Y, como siempre, me convertí en oruga, con lo que más cerca tenía de las manos, y me envolví en la crisálida para dejar de ser un asqueroso gusano y renacer en una especie de monstruosidad entre mosca y mariposa. Rodeada por la manta nórdica, serpenteante en el suelo mientras las ojeras se volvían negras de pintura desbordada por el río de lágrimas. Siempre he sido muy teatral, de una manera inconsciente represento estas escenas esperpénticas, quizás como medio de ridiculizarme a mí misma y encontrar el sentido común perdido. Y así pasó un tiempo, no sé cuánto, en el que aprendí a nacer.
Luego viene esa especie de histeria irreal en la que buscas cualquier cosa que te distraiga y sea el centro de la nueva vida que deseas comenzar. En mi caso, como de costumbre, se centró en el arte. Busqué hojas. Les robé las hojas a los pobres ancianos de la residencia de al lado, las hojas más hermosas del único árbol que he visto de ese tipo. Estrellas rojas, verdes, atardeceres, amarillas y moradas. Arte. Belleza. Yo. Reencuentro con lo que quiso morir. La dualidad de la existencia en forma de otoño.
Y ahora aquí sigo, acumulando hojas, reorganizándolo todo, con espamos lacrimosos de vez en cuando y pensando en todo lo que te he podido dar y has rechazado. Creo que una vida era suficiente regalo, pero una vez devuelta la usaré como yo prefiera, aunque no sepa aún qué hacer con un trapo tan descolorido. Es curioso el cambio de concepción de tu propia vida cuando la regalas a alguien y una vez que te la han devuelto. Ahora es penosa, una matrioska sin réplicas dentro. Está llena de mocos verdes y un perro se ha cagado encima. Pero no importa; la coseré, la sumergiré en tintes y la llenaré de constelaciones que tú y yo dejamos de mirar. Es pútrida esta vida, pero es mía. Y nadie volverá a renegar de ella.


martes, 8 de noviembre de 2011

Lacrimosa - Criatura de luz


Soy el aliento sobre tu piel
soy el terciopelo rodeando tu cuello
soy el beso en tu cuello
y soy el brillo de tus pestañas

Soy la plenitud de tu pelo
la silueta de tus ojos
soy la huella de tus dedos
soy la sangre por tus venas
que fluye día a día atravesando tu corazón

No importa lo rápido que corras
y lo lejos que llegues
me llevas contigo
allí donde vayas
cualquier cosa que hagas
soy una parte de ti

Soy el sueño no vivido
soy el deseo que te persigue
Soy el dolor entre tus piernas
soy el grito en tu cabeza

Soy el silencio, el miedo en tu alma
soy la mentira, la pérdida de dignidad
soy el desmayo, la ira en tu cabeza
soy el vacío en el que algún día te convertirás

No importa lo rápido que corras
y lo lejos que llegues
me llevas contigo
allí donde vayas
cualquier cosa que hagas
soy una parte de ti

Criatura de luz que rodeo con mis sombras.


sábado, 5 de noviembre de 2011

Llantos de una musa que dejó de ser musa

Canto a los cuchillos y a la mente, armas de mi artista, para que levante su cuchillo que es pluma de tinta azul y su mente hacia el papel en blanco. Hace tiempo yo era su musa, y quizás siga siéndolo, a pesar de que no sé si puede ser musa alguien que no consigue que su adulador cree. Su poder sobre el artistas es su cielo e infierno al mismo tiempo, pues consigue elevar su alma junto a la del creador cuando las letras fluyen manchando el blanco impecable, pero también encuentran juntos el infierno cuando el arte no aparece, y ninguno de los dos se conoce a sí mismo ni sabe quién es.
Mi artista, querido, ya no escribe, y yo ya no sirvo. Y el motivo es uno y muchos y ninguno. Tal vez ya no haya un mundo en mis ojos que quiera describir, quizás se ha dado cuenta de que sólo puede en ellos aspirar a ver una pupila danzante. Quizás deba buscar otra musa, pues ésta ha quedado estéril e inútil, que le dé fecundas primaveras. Me apenaría, pero no me importa, porque la musa acaba comprendiendo que ella es un instrumento subordinado a la mente creadora, y sólo debe bogar por ella, como mera esclava hermosa y caprichosa. Sólo quiero que mi artista cree, y que yo, lo lea o no, siga amando el movimiento de sus manos haciendo historias. Es posible que mi artista ya no necesite inventarse otros mundos porque ha encontrado la felicidad. Aparecen dudas perladas en mi frente, y colgantes en las pestañas, que me recuerdan que lo estable está muerto.
Y ¿qué puedo hacer? Vestirme de colores, llorar y gritar y pegarle bofetadas en las mejillas, danzar y cantar con un uquelele, enseñarle mis dedos que empiezan a educarse en el arte de acariciar una guitarra, irme, viajar, engañarle, hacerle saber que si a la musa no la utilizan se muere, y se convierte en fantasma anhelante.
Lo mejor que puedo hacer es suplicarle que me use.
Úsame, no quiero que mi presencia se marchite.