viernes, 24 de diciembre de 2010

Propósitos ajustados a las 365 veces que el sol nos alumbra

Hoy, -cn un dolor de cabeza desternillante, un consolador en el bolso, sabor a emociones encontradas en la boca, los pies quejándose con agonía, muchos besos que nunca me merezco en la piel, y uno de los mejores polvos de cualquier relación (en el que aún hay lágrimas irritadas que chillan en las mejillas) caliente entre las piernas- es el mejor momento para escribir los propósitos del nuevo año. Sí, me gustan esos propósitos, esforzarme por cumplirlos y pedir un deseo con el último lacasito (las uvas me dan repulsión). Desde hace dos años sólo pido uno, muy sencillo y de tres palabras. Poco a poco va funcionando, tal vez es acumulativo año tras año.
Queda un año entero para cumplirlos:
- Tocar el violín en un grupo de música.
- Hacer más pintura y cosas manuales. Carteras, pulseras, llaveros... Podré regarlarselos a las personas que más adelante voy a prometer cuidar más.
- Aprender más inglés y francés.
- Estudiar historia del arte en..
- Pensar dónde estudiar historia del arte.
- Aprender de una puñetera vez a coser.
- Cuidar más a mis amigas. Llamarlas o hablar con ellas todas las semanas. Llamarlas cuando llegue a Huesca. Contarles más mis cosas.
- Dejar que me crezca el pelo mucho.
- Aprender a bailar.
- No gritar nunca a Chor.
- Llamar a Chor todos los días.
- Escribirle algo todos los días, abrazarle y escucharle mucho más. Regalarle muchas cosas.
- Dormir más y comer mejor.
- Dejar de morderme las uñas.
- Ampliar mi cultura musical.
- Viajar mucho.

Bien, tal vez de momento ya está. Iré agregando algo hasta que acabe el año. Dejaros de no navidad antisistema y proponeros cosas, cojones. Es divertido hacer cosas.

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