Sí... ya llegará.
Coge un caramelo de menta y deja el envoltorio junto a las otras siete anteriores crisálidas de plástico. Se mete en una red social, en el perfil de un amigo por puro aburrimiento tras una tarde intelectualmente esteril. Nota un calor entre los pies, con calcetines, y Algodones le reclama atención.
- ¿Dónde está, eh, churrito? ¿Dónde está y por qué tarda tanto?
Ya con 24 años se sentía extraño. El contacto con las mujeres era insatisfactorio, ni siquiera había tenido una relación sexual, a pesar de la curiosidad que le despertaba ese supuesto placer, ese "calor" que su mejores amigos le decían sentir. Ese olor, ese sabor. No lo podía concebir, en ese aspecto se había quedado en los seis años. Tampoco ninguna chica le había despertado la intención de encontrar ese ardor. La mayoría de las que había conocido era superficiales, estaban llenas de maquillaje anaranjado y llevaban rosas de mentira a un lado de la cabeza. Le ponían nervioso, querían parecer diosas. Al menos las ninfas hablaban poesías. Le ponían de los nervios, con sus vestidos floridos, sus sandalias romanas, sus risas escandalosas. Las otras que había conocido no eran mucho mejores. Las conversaciones eran interesantes, y si eran hermosas o no, le suscitaban nulo deseo, pues sólo podía concebirlas como cajas de....
Y vaya mierda de historia, llevaba meses hablando sólo de chicos frustrados y estúpidos, y su jodida sexualidad, y mujeres idealizadas que aparecen en el último minuto. Se fue a cagar y a darse una ducha de agua fría. Purificación. Mañana inventará una poesía sobre una pincel reflejado en un espejo. Hasta nunca, señores, que sois unos cansinos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario