Lo que más suelo ver en los cuadros es lascivia. Es sexualidad en forma de mujer ondulante. Pecadora. Natural. Hermoso pájaro de colores encerrado en una jaula de oro, en su cuerpo de plata. Me da lástima Venus saliendo del mar. La virgen María de cabellos rizados y rubios derramándose por su frente compungida de dolor. La presión de las medias, los corsés, los enormes faldones sujetando los cuerpecillos de aquellas bellezas ya podridas envueltas en la oscuridad del lienzo para que su rostro sereno y artificial sobresalga entre las tinieblas de acuarela.
Siento una inquietud visceral, parece que hasta los pulmones desean salir y saltar y olvidarse de que me pertenecen. No quiero que nada me pertenezca, sentir esa responsabilidad. No me gusta pertenecer a nadie. No quiero pasados mañana. Odio atarme, sacrificar mis risas en un engaño, en disfraces de no dañar a nadie. Necesito encontrar el norte, el sur, lo que sea. Es importante para mi bienestar el saber cuál es el equilibrio de las cosas, cómo darlo para que hacer feliz a los demás no me haga infeliz.
Tantas cosas en las que debo crecer.
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