jueves, 16 de junio de 2011

Es demasiado (i)real

No soy capaz de acabar la película, el bollo que me como (chocolate, ya saben, para animar el cuerpo) sabe a bacterias entre los dientes. El exterior se torna el destello del sol reflejado en la concha de una nauseabunda cucaracha.
Qué hacer, a dónde llegar. Infinito autodesprecio, intolerancia y desesperanza.
Ya tengo miedo hasta de imaginar o soñar, pues siempre viene acompañada de una inmediata, tardía, destrucción al fin y al cabo. Destrucción.
Ya mi madre me decía de pequeña: ¡Niña! Te duele la cabeza por los nervios.
Y ahí están todos mis nervios, mis emociones, en el centro de la frente, porque si ya en el estómago esas víboras te impiden pensar con claridad, imaginen en la cabeza.
Poco que decir. Mucho que expresar.

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